30 ingredientes marcan la ruta de tu chile en nogada.
En El Mante, cocineros y decenas de agricultores se coordinaron durante semanas.
Este año, el restaurantero Alejandro Cedillo calcula haber vendido más de 100 chiles en nogada antes de que termine la temporada.
Cada platillo involucra a más de 30 proveedores: desde quienes plantan la semilla hasta los que envasan la nogada.
Primero, agricultores sembraron y cosecharon chiles poblanos con la esperanza de que crecieran libres de plagas.
“Sin una buena materia prima no existe un gran platillo”, señala Cedillo al describir la importancia de cada cultivo.
En los árboles y huertos entraron nueces pecanas, almendras, piñones y frutas como durazno, pera, manzana y plátano macho.
Luego, carniceros surtieron carne de res y cerdo; queseros aportaron queso de cabra; lácteos locales proveyeron crema.
Cada ingrediente encontró su lugar en la cocina: la nogada, la carne sazonada y el chile capeado.
“Cuando cocinamos un chile en nogada, hay muchísima gente entregada detrás del proceso”, afirma el cocinero.
Restaurantes y puestos de comida ahora cierran la mira en el último tramo de la temporada, que concluirá en octubre.
Los productores locales ajustan sembradíos y cosechas para la siguiente temporada, mientras cocineros afinan recetas.
Al final, este platillo no solo celebra la gastronomía poblana, sino la red de manos que lo hace posible.
Detrás de cada bocado está la labor conjunta de campesinos, proveedores y cocineros que sostienen la tradición.

