Cuatro de cinco recién nacidos murieron por una bacteria hospitalaria.
Ocurrió en el HGZ No. 1 del IMSS en Durango, donde hallaron Klebsiella pneumoniae.
La bacteria, presente sin daño en el intestino, provocó infecciones graves al invadir el torrente sanguíneo de los bebés.
“Cuando llega al pulmón, la sangre o una herida, genera infecciones severas y resiste varios antibióticos”, advirtió el infectólogo Francisco Moreno.
Los neonatos pudieron contagiarse por dos vías, explicó Moreno. La primera, soluciones intravenosas o alimentación parenteral contaminadas.
“Si una fórmula o solución sale infectada, es como pasar veneno directo al bebé; en pocas horas puede morir”, alertó el especialista.
La segunda hipótesis apunta a la transmisión cruzada entre pacientes. El uso compartido de termómetros o la falta de higiene en manos del personal facilitan el contagio.
“Si un enfermero atiende a tres bebés sin cambiar el termómetro o desinfectarse las manos, corre el riesgo de propagar la Klebsiella”, señaló Moreno.
En neonatos, la bacteria no se manifiesta con fiebre, sino con hipotermia, frecuencia respiratoria baja y estado de choque por presión arterial caída.
Para tratarla, es imprescindible un antibiograma que determine a qué antibióticos responde el patógeno y permita aplicar el fármaco más eficaz.
Las autoridades de salud del IMSS deben revisar procesos en la central de mezclas, prácticas de higiene y procedimientos de control de infecciones.
La investigación, abierta tras la muerte de cinco bebés en septiembre, busca esclarecer fallas y evitar nuevos brotes en unidades de cuidados intensivos.

